Antonio Santo - Periodista, escritor y músico

Ya basta

El miedo y la ignorancia no tienen fronteras, y todo el mundo puede temer aquello que no conoce. Eso lo puedo entender. También cualquiera puede pensarse que lo suyo es lo normal y lo del resto es extraño. Pero no voy a quedarme callado jamás, ni una sola vez, si oigo decir que el otro es malo, que ese color de piel es de delincuentes, que a ese dios sólo lo adoran los miserables. Eso sí que no. Ya dijo el otro aquello de “soy humano, y nada de lo humano me es ajeno”. El día que dejen de dolerme las heridas en la piel de mi hermano habré renunciado a mi dignidad.

Hoy he asistido con vergüenza en Facebook al linchamiento verbal de mis vecinos hispanoamericanos de Tetuán. La supuesta existencia de unos delincuentes concretos en el barrio ha derivado en una “conversación” a que unos desalmados concluyan que la solución es la muerte o expulsión de todos los diferentes. Y por ahí no. No hay tolerancia posible con el racismo. No hay diálogo. No hay comprensión. No puedo empatizar con quien desea la muerte del que es distinto. A raíz de una foto de una “denuncia” de unos supuestos delincuentes (con todas las características de una leyenda urbana) unos miserables se han lanzado a la más execrable muestra de racismo y xenofobia. Intentar mostrarles lo absurdo de su visión quizá sea perder el tiempo, pero seguiré haciéndolo siempre.

Quiero repetir aquí lo que he dicho en esa situación: para mí vivir en un barrio de inmigantes no es una circunstancia, es una suerte. Me hace feliz poder compartir mi vida con gente de otras culturas y de otros orígenes, escuchar sus historias, contarles las mías, saludar a las familias jugando a las cartas en mesitas a pie de calle, tener amistad con la gente de la panadería y de la frutería, ver el fútbol y comerme un lomito con los amigos paraguayos… Es una suerte y una maravilla poder vivir en un lugar que igual podría ser el barrio donde nací que el Malecón de la Habana o la calle Mayor de Puerto Rico. Y el que no lo quiere ver y decide tener miedo está renunciando a disfrutar de uno de los lugares más maravillosos del mundo. Lo que no voy a permitir es que me digan que mi vecino querido es un miserable por haber nacido en otro lugar. Eso sí que no.

No me preocupa el racismo de los malos: siempre habrá miserables. Me aterra el silencio de los buenos. Nunca os calléis. Nunca guardéis silencio cuando un miserable hiera a un hermano. Aunque sea porque España se desangra por la herida de la juventud, porque nuestros amigos y compañeros se tienen que marchar a pelearse la vida, y porque nos duele que les pateen y que los maltraten. Lo que se dice de ti, de tu vecino, de tu familia, es lo mismo que esos miserables dicen del hispanoamericano, del moro, del rumano, del gitano. Y entre otras razones lo dicen porque ni tú ni yo nos levantamos y les decimos que ya basta, que no vamos a permitir que a nadie se le ataque por el lugar en que nació.

YA BASTA. NO AL RACISMO.

Somos todos hermanos.

Que la tristeza no nos haga enemigos.

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