Antonio Santo - Periodista, escritor y músico

Un día en la vida de un periodista de videojuegos: los viajes

Cada vez que alguien me pregunta a qué me dedico escucho las mismas frases: ¡qué suerte tienes! ¡Te pagan por jugar! ¡Y además viajas! Y uno acaba teniendo que explicar que no, que salvo que seas crítico (y no es mi papel) no te pagan por jugar sino por escribir sobre juegos (y de hecho tienes que sacar tiempo de cualquier parte para poder jugar), y que el trabajo no siempre es un camino de rosas.

Que se me entienda bien: me encanta mi trabajo; de hecho si alguien me hubiera dicho hace 10 años que me dedicaría a esto profesionalmente, casi seguro no me lo habría creído. Pero eso no quiere decir que absolutamente todo sea maravilloso: esto es un trabajo, y hasta el mejor de los trabajos tiene alguna que otra contrapartida; y es que si todo fuera estupendo y maravilloso, no pagarían por hacerlo…

Una de esas contrapartidas es el tema de los viajes: a menudo toca volar a otro país para asistir a una presentación o probar una demo que no va a llegar a España. Todo el mundo parece pensar que viajar por trabajo está muy bien porque conoces mundo gratis… Tengo que decir que en los viajes de trabajo no conoces mundo: conoces aeropuertos. 

¿Cómo es un día en la vida de un periodista de videojuegos, concretamente el día en que toca viajar? Para empezar, esa noche duermes mal. Por muy acostumbrado que estés a este tipo de viajes (que lo estoy: éste no es el primer curro que tengo en el que me toca viajar) siempre duermes intranquilo, quizá temeroso de no despertarte a tiempo o de olvidar algún papel importante. Finalmente el despertador suena… a las 5 ó las 6 de la mañana: casi siempre vas y vuelves en el día, por lo que tienes que coger un avión muy temprano para que te dé tiempo a todo. En una ocasión tuve que levantarme a una hora tan indecente que, mientras para mí era “muy temprano por la mañana”, para los demás era “muy tarde por la noche”: yo salía para currar a la vez que Mi ChicaTM llegaba de una fiesta…

Llegas al aeropuerto muerto de sueño y sin desayunar (a ver quién es el guapo que se pone a hacer tostadas tan temprano) y te subes al avión; mientras dura el vuelo caes en coma, pero en lugar de descansar lo único que consigues es hacerte polvo el cuello y que el compañero insomne de algún otro medio te haga una foto dormido con la boca abierta. Una vez llegas a tu destino el plan es sencillo: te subes corriendo a un taxi, llegas al punto de encuentro, haces el trabajo (pruebas el juego, ves el vídeo, realizas la entrevista; lo que sea) y te vuelves a subir a un taxi de camino al aeropuerto.

Si todo ha ido sobre ruedas tendrás una hora libre en el aeropuerto (si estás en Inglaterra aprovechas para comprar la RetroGamer) para descansar y tomarte una cerveza charlando con los compañeros. Y es que casi nunca queda tiempo libre para dar una vuelta: normalmente vas y vuelves en el día, con lo cual en el mejor de los casos tienes una o dos horas para dar un paseo, y siempre sin alejarte mucho del punto de encuentro. Y cuando llegas a casa ya es, normalmente, medianoche; así que no te quedan fuerzas más que para cenar, pegarte una ducha para quitarte el viaje de encima y echarte a dormir.

Los viajes de trabajo son agotadores y muy estresantes: vas a la carrera todo el día para hacer un trabajo de una, dos o tres horas como mucho. ¿Cuál es el lado bueno para mí? Como es evidente, que me gusta mi trabajo. El cansancio es un precio barato a pagar a cambio de la oportunidad de hacer grandes entrevistas con personas interesantísimas, de probar antes que nadie cómo será tal o cuál juego y, además, de echar buenos ratos con compañeros de otros medios (con los que casi siempre hay muy buena relación).  Y, por supuesto, tener la oportunidad de contar lo vivido a tus lectores es lo que le da sentido a todo.

En definitiva: no todo es maravilloso en la vida de un periodistas de videojuegos. No nos pasamos el día jugando. Y cuando tenemos que hacerlo, a veces nos tocan unos juegos que… ¡Pero, ah, eso es historia para otro día!

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5 Comments : Leave a Reply

  1. Tu chica TM dice:

    Olvidaste mencionar que esa madrugada te preparé el desayuno recién llegada de fiesta 😉

  2. Ariom dice:

    Uy, qué divertidos me parecen los derivados financieros en comparación. Ah, espera, que no…

    Lo de siempre, ¡que te quejas de vicio! A la gente de mi curro que la mandan de viaje (a mí aún no me ha tocado la china) suelen ir para una semana a echar jornadas de más de 12 horas, y encima el fin de semana los vuelven para acá para no tener que pagarles el hotel, así que de turistear ni hablamos. Aunque bueno, igual les pagan más que a ti…

    Y no sé qué manía le tiene la gente a los aeropuertos. Incluso solo, son un lugar magnífico para leer tranquilamente e inventar historias sobre la gente que pasa ante uno.

    • Santo dice:

      Yo no le tengo manía a los aeropuertos… Se la tengo a los aviones. 😛 No me dan miedo, pero tampoco me gusta viajar en avión (como sí que me gusta viajar en tren).

      Y ojo, yo no me quejo… Lo que digo es que tampoco es el mejor curro del mundo; si lo fuera los Borbones serían periodistas de videojuegos y no reyes de España. xD

  3. […] un par de meses, leí este artículo de Antonio Santo sobre El Periodista De Videojuegos™ y los viajes de prensa. A dos días del E3 […]

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