Antonio Santo - Periodista, escritor y músico

The Witcher 3, el Juego de Tronos de los videojuegos

Mucho antes de que la serie de televisión Juego de Tronos se pusiera de moda y hasta en el supermercado se hablara de la importancia político-militar de los dragones de la khaleesi, antes de que George R. R. Martin empezara la saga de Canción de Hielo y Fuego y nos dijera que no hay héroes, y si los hay mueren jóvenes, un escritor polaco llamado Andrzej Sapkowski se inventó con su saga The Witcher la fantasía sucia: un género en el que la magia existe y hay monstruos, pero la gente es gente. A veces buena y a veces no tanto, casi siempre egoísta: personas reales, en definitiva, que trabajan y comen y hacen sus necesidades, demasiado preocupados por sobrevivir como para plantearse ninguna eterna lucha entre el bien y el mal.

“Sapkowski es el primer autor que hace triunfar la fantasía sucia, esa especie de fantasía oscura en la que la magia tiene un papel importante”, nos explica el escritor Juan Gómez-Jurado, “pero mucho menos que el desarrollo de los personajes. Y sobre todo [se basa en] la sensación de que las cosas cuestan y una espada es una espada porque está rota y mellada y sirve para matar gente, no para ser un símbolo de la realeza”. Es decir: un mundo como el de nuestra Edad Media, hecho de polvo, barro, sangre y sufrimiento, y no del mármol, seda y plata de las bellas ciudades elfas de El Señor de los Anillos.

El resto, en EL CORREO.

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