Antonio Santo - Periodista, escritor y músico

La sirena salió corriendo

Lo teníamos todo perfectamente preparado; era un plan perfecto. “Pistolas”, dije. Mi socio contestó: “listas”. “Pasamontañas”; “listos”. “Explosivos”; “listos”. Seguimos repasando todo el material: era la sexta vez que lo hacíamos, pero si uno quiere que algo funcione tiene que ser metódico. La furgoneta atravesaba la ciudad como una navaja se abre paso por el músculo. Aparcamos en la puerta del banco y nos bajamos tan tranquilos, con la bolsa de deportes hasta los topes colgando del hombro. Comprobamos la calle. Entramos. Hola. Un empujón, un rápido disparo al guardia. Quietos. Si nadie se mueve no habrá heridos. No es cierto, quizá sí que matemos a alguien de todas formas. El dinero. Ningún proyecto de cadáver intenta hacerse el héroe. Un niño llora. Disparos en la calle. Policía, rehenes, un megáfono que negocia. Queremos un helicóptero. Salgan y será peor para ustedes. No. Salga. Devolvemos un rehén con diez gramos de plomo en una rodilla. Está bien, no nos dejan otra opción, responde el megáfono.

En ese momento, la sirena salió corriendo. Los coches patrulla se marcharon. Asomamos la cabeza y vimos que no había nadie. Así que devolvimos el dinero y soltamos a los rehenes. Si no hay policía, persecución, cámaras, no tiene maldita la gracia. Subimos a la furgoneta y nos largamos. “Vaya puta mierda”, le dije a mi compañero. “La próxima performance la va a organizar su puta madre”.

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