Antonio Santo - Periodista, escritor y músico

Juegos que te cambian la vida

Hay películas, libros, discos que te cambian la vida. Quizá aprendas algo nuevo que te sirva en tu día a día; tal vez despierte tu curiosidad por una cuestión que nunca te habías planteado, te haga ver la vida de una forma totalmente diferente o te ayude a descubrir una vocación oculta. De un modo u otro, a menudo las obras culturales sirven no sólo para entretener sino para remover algo en tu interior que te hace ser diferente.

Como no podía ser de otra forma, con los videojuegos ocurre lo mismo. Para empezar, todos los que trabajamos en esta industria (sea como periodistas o como desarrolladores, grafistas, compositores…) lo hacemos porque en algún momento probamos un juego que nos hizo afirmar: “algún día esto será mi trabajo”. Pero casi todos los jugones tienen uno o varios juegos guardados en una estantería especial de su memoria: títulos que, de un modo u otro, les cambiaron. Os presentamos esos juegos que nos cambiaron la vida a nosotros, los periodistas que formamos Vadejuegos.com.

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Me ocurre igual que a mis compañeros: son tantos los juegos que me han marcado que me resulta muy difícil elegir uno. Las horas y horas viendo jugar a mi hermano mayor al Bubble Bobble de Spectrum; el impacto que me supuso la llegada del Amiga 500 de Commodore (yo tenía 5 años), con la espectacular paleta de colores de Ghosts’n’Goblins; esas tardes de domingo machacando el joystick Telematch al Street Fighter II o el Golden Axe

Lo que realmente me cambió de los videojuegos fue constatar que también podían contar historias tan profundas y cautivadoras como las que uno puede encontrar en la literatura (que es mi otra gran pasión). Primero fue LucasArts con sus grandes aventuras gráficas, llenas de desafíos y carcajadas a partes iguales. Pero el juego que de verdad me cambió la vida fue Planescape: Torment, el juego de rol de culto de Black Isle.

Sus antecesores, Baldur´s Gate I y II, ya fueron para mí una convulsión, todo un monumento a cómo se cuenta una buena historia a través de un juego. Pero Planescape: Torment tenía algo más. Ofrecía un mundo enorme y hermoso (de un modo trágico y terrible), un protagonista atormentado y dañado por sus propios errores. No presentaba un argumento épico, tan “de género” de fantasía como Baldur´s. Por primera vez (para mí) el foco no estaba puesto en salvar el mundo, sino en ti, en la evolución del personaje, sus miedos, sus anhelos, su búsqueda. Sus temas no eran la gloria, la victoria, sino la muerte, la identidad, el olvido, el amor, la huella que dejamos en el mundo. En Planescape: Torment no puedes ganar. Llegues al final que llegues, no es una victoria: es, sencillamente, seguir avanzando. Como en la vida.

Cuando jugué este título en el año 1999 yo tenía 14 años; Torment me marcó y me hizo pensar en cuestiones que, a esa edad, pocos libros habían conseguido plantearme. Lo volví a jugar cinco años después, esta vez en español (gracias a la traducción extraoficial del clan DLAN) y constaté que no era un recuerdo benevolente: cada segundo del juego seguía poniéndome la piel de gallina. Aún sigo pensando que este juego es una obra de arte de los pies a la cabeza, una historia que, de haberse contado en un libro, estaría entre las mejores de los últimos años. Por todas estas razones, para mí el juego que más me ha marcado en toda mi vida es, sin lugar a dudas, este Planescape: Torment.

Lee el reportaje completo con los juegos que nos han marcado a cada uno de los miembros de la redacción en Vadejuegos.com.

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