Antonio Santo - Periodista, escritor y músico

Historia de la O

Este cuentecito lo escribimos a cuatro manos @lapsusmentis y yo a petición de Jesús Urceloy para una antología solidaria que iba a tomar la forma de abecedario de poemas y cuentos. Lamentablemente, Luis Felipe Comendador, impulsor de la iniciativa, ha tenido algunos problemas (ajenos a su voluntad) que mantienen el libro en el dique seco hasta nuevo aviso. Publico aquí mientras tanto esta pequeña “Historia de la O”.

La O es un cero que se disfrazó para colarse en la fiesta de las letras. De todos los presentes, este número impostor quedó prendado de la vocal más exuberante y femenina: la A. Pero, ¿cómo llamar la atención de esta dama caligráfica, si en el reino de las cifras había sido relegado a la nulidad más absoluta? Ideó un plan para conquistarla y se puso mayúsculo para llamar su atención. Olvidó que esta metamorfosis implicaba la caída del canuto con el que se había ataviado para fingir ser un miembro del alfabeto.

Cuando las letras se percataron del engaño, muy enfadadas decidieron expulsar al pobre cero: “¡Fuera de nuestra fiesta!”, le dijeron. “Y ya que tantas ganas tienes de ser una de nosotras, a partir de ahora serás la O, condenada a ser indignación en la boca de las viejas”. Muy triste, el cero marchó por la puerta de la izquierda. Pero la A, enternecida, le cogió de la mano y, ante la sorpresa de vocales y consonantes, se fugó con él.

Al poco, todos los integrantes del abecedario se dijeron consternados: “¿Y qué hcems hra sin ells? ¡Ni siquier pdems hblr cn nrmlidd!”. Al darse cuenta de su trágico error, buscaron entre las pocas palabras que aún podían pronunciar y eligieron la única que podía salvarles: “vuelve”.

Cuando la A y la O regresaron a la fiesta, todas corrieron a pedirles perdón y a rogarle al cero que se convirtiera en una letra para siempre: “Si te quedas con nosotras, podrás ser también la sorpresa en la boca de un niño y la ternura en la boca de sus padres”. Muy contento, el cero aceptó la invitación. Ya convertido en letra, se abrazó a su amada con toda su redondez; y así fue cómo la O entró a formar parte del abecedario.

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